Más allá de la tierra, podemos encontrar otro mundo, donde la flora, fauna y colores cambian totalmente. El mantener una conexión con lo que se encuentra alrededor y contigo mismo es vital. Hoy les contaré sobre el buceo.

Nos encontramos en la localidad de Pichidangui, a 170km de Santiago (2hrs). Iniciamos la aventura cerca de las 8 am. Tomar un buen desayuno para realizar esta actividad es crucial, según nuestro instructor. Un café tostado fuerte ecién hecho, de esos que te quitan el sueño por la mañana; unas tostadas con huevos y cereal con leche para darnos la energía necesaria.

Posteriormente, nos dirigimos al centro de buceo, para lo cual debemos obtener la certificación correspondiente. Cada una tiene su procedimiento tanto de estudio como de técnicas y profundidades. En nuestro caso, optamos por la Certificación PADI (Professional assocication of diving instructors, es una de las asociaciones que certifican mundialmente).

Ya estando en el centro de buceo empezamos a preparar nuestro equipo personal, debo admitir que la parte más difícil es ponerse el traje de neopreno y lo chistoso del momento. Es cómico porque les prometo que el traje era de mi talla, pero esa sensación de sentirte como un embutido a medida que te vistes, mientras eres ayudado por un compañero; aparecen contorsiones nunca vistas. Lo que hay que hacer para evitar el frío de las aguas chilenas.

Además, el trabajo no está completo hasta ponerte los botines (escarpines) y una capucha la cual cubre la cabeza, mentón y orejas. Por otra parte, hay que usar cinturón con lastre y plomos para descender, el cual depende de tu peso. Para terminar el equipamiento se completa con la máscara, chaleco hidrostático, botella, y el regulador (conecta el aire con el chaleco y hacia uno).

Ya chequeado nuestro equipo estamos preparados para ir al agua. Comenzó la aventura. Iniciamos el descenso sacando todo el aire que se encuentre en el chaleco, haciéndolo controladamente y ecualizando en todo momento (destapar los oídos). La respiración también es vital para mantener la calma, ya que solo respiraremos por la boca. Nos encontramos a 30 mtrs de profundidad y lo que me rodea es increíble. Una vez abajo todo cambia, esponjas de mar con más de 3 metros de largo, variedades de estrellas, cardúmenes a sólo centímetros, algas con alturas impresionantes y peces de distintas formas y colores cambian la visión del mundo.

Ya saliendo de estas hermosas inmersiones supe que entre buzos y centros de buceos hay proyectos y “juntas” donde se dedican a sacar basura de las profundidades, lamentablemente no todos pueden hacerlo, ya que es necesario contar con una certificación especial. Sin embargo, todos podemos ayudar desde fuera del agua. Si no eres buzo puedes aportar con tu granito de arena. Al menos con mis amigos, profesores buzos hicimos una limpieza costera de una hora en donde logramos sacar más de 20 kilos de basura. Nosotros lo hicimos en una hora y con tu ayuda lo podemos lograr para toda la vida. Te invito a vivir una experiencia increíble buceando y otra mejor, ayudando a nuestro planeta.