El invierno se hace notar y ya está acumulada mucha nieve en nuestra maravillosa Cordillera de Los Andes. Sin embargo, la apertura de los centros invernales sigue en duda.
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Dada la contingencia actual debido al coronavirus, todos los eventos deportivos han sido cancelados. Es por esto que existe la posibilidad que las autoridades no permitan la apertura de los centros de esquí.
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De ser así, las montañas se verán con un flujo muy bajo de gente, lo cual nos hace pensar qué aspecto positivo podría traer al medio ambiente.
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Según un estudio de “Alltracks Academy” de Estados Unidos, los centros de esquí utilizan mucha agua para crear nieve artificial en momentos de escasez. Esta agua usualmente la deben conseguir de ríos cercanos o traer de lejos, lo que impacta de peor manera la sequía.
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Además, informan que los combustibles fósiles usados en los andariveles y máquinas esenciales para las pistas generan un impacto negativo en la nieve acumulada naturalmente alrededor.
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Otro estudio de “Ecologistas en Acción” de España, publicado por el diario El País, muestra que los centros de esquí erosionan el suelo y la vegetación, y, por otro lado, urbanizan la montaña. “Contaminan el entorno mediante el ruido de la urbanización y construcción de carreteras“, señalan.
En conversación con Avalancha Sport, el representante de “Andes Central”, Alejando Bravo, comentó que las visitas que habitualmente tiene la montaña no impacta de gran medida al medioambiente. “Lo complejo será cuando se aumenten los flujos de visitas en unos años más con la carretera G-21 concesionada y que no exista un plan maestro de mitigación y compensación asociado””, dijo.
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La ruta G-21 es una ruta proyectada para estar en funcionamiento el 2028, con el fin de que exista un mejor acceso a los centros de montaña de la zona central. Esta ruta comenzaría en Santiago y llegaría hasta los centros de esquí  que se encuentran alrededor de Farellones, disminuyendo los tiempos de viaje y aumentando el flujo de personas a la montaña.
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Al relacionar este nuevo acceso junto con los estudios ya mencionados, queda claro que si no hacemos algo al respecto, pronto podremos tener graves consecuencias en el hábitat natural de nuestra cordillera. El funcionamiento de estos, junto con la gran cantidad de flujo de personas que conlleva, impacta negativamente el entorno natural en el que están inmersos.
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Si bien muchos ven el lado malo de la no apertura de los centros invernales, debemos pensar también lo positivo que hay detrás. Al hacer esto, podremos enfrentar de mejor forma las futuras actividades en la montaña.